06/10/2026

CGLU participa en un intercambio de buenas prácticas sobre el papel de las instituciones culturales en la protección de los derechos humanos y la participación democrática en Barcelona

 

Ciudades y Gobiernos Locales Unidos (CGLU), a través de su Comisión sobre Inclusión Social, Democracia Participativa y Derechos Humanos (CISDPDH) y su Comisión de Cultura, se unió al Ayuntamiento de Barcelona para organizar una experiencia de aprendizaje entre pares de tres días en Barcelona con Manchester, Ciudad de México y São Paulo. Bajo el tema “Las instituciones culturales como garantes de los derechos humanos en contextos de retroceso democrático”, el intercambio exploró cómo los gobiernos locales y las instituciones culturales pueden contribuir a proteger los derechos humanos, reforzar la inclusión social y crear espacios significativos para la participación democrática.

El aprendizaje entre pares reunió a representantes de gobiernos locales y actores culturales para examinar cómo las ciudades pueden responder a las crecientes presiones sobre el espacio cívico, la libertad de expresión y la cohesión social. A través de intercambios institucionales, visitas a diferentes espacios y un taller colectivo, las personas participantes exploraron cómo los espacios culturales pueden apoyar una gobernanza local basada en los derechos, la inclusión y la participación, al tiempo que identificaron mecanismos que pueden fortalecer la resiliencia de las instituciones y las comunidades locales.

La experiencia contribuirá al desarrollo de una Caja de herramientas de supervivencia para instituciones culturales y gobiernos locales, así como al trabajo de CGLU sobre autonomía cultural y derechos humanos en contextos democráticos difíciles.

 

Conectar la cultura con una gobernanza local basada en los derechos humanos

El intercambio comenzó con la experiencia de Barcelona en la conexión de sus políticas de derechos humanos y culturales. David Llistar, Director de Derechos Humanos, Justicia Global y Cooperación Internacional del Ayuntamiento de Barcelona, y Jaume Muñoz Jofre, Jefe del Departamento de Derechos Humanos y No Discriminación de Barcelona, destacaron la importancia de reforzar los vínculos entre ámbitos de políticas públicas que a menudo se gestionan por separado a nivel municipal.

 


 

La experiencia de la Oficina por la No Discriminación (OND) de Barcelona proporcionó un ejemplo concreto de cómo los principios de derechos humanos pueden traducirse en servicios locales y mecanismos institucionales. Mediante asesoramiento jurídico, apoyo psicosocial, mediación y colaboración con organizaciones de la sociedad civil, la OND trabaja para abordar la discriminación y reforzar la igualdad y la no discriminación en la ciudad.

Su experiencia también puso de relieve la importancia de la evidencia y las redes comunitarias en la gobernanza local de los derechos humanos. La información recopilada a través de casos y derivaciones de la sociedad civil puede ayudar a los municipios a identificar patrones de discriminación e informar políticas más amplias para abordar el racismo, la exclusión y las desigualdades.

 

Inclusión social: hacer que los espacios culturales y cívicos sean accesibles para todas las personas

A lo largo del intercambio, las personas participantes examinaron cómo las desigualdades pueden afectar a la capacidad de las personas para acceder a la vida cultural y cívica y participar en ella.

En el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB), las personas participantes debatieron la importancia de conectar las instituciones culturales con las comunidades de su entorno, especialmente en barrios diversos. El trabajo del CCCB con escuelas, jóvenes y comunidades locales mostró cómo los espacios culturales pueden crear oportunidades para personas que tradicionalmente no participan en la vida cultural institucional.

El debate puso de relieve que la inclusión va más allá del acceso. Crear espacios verdaderamente inclusivos también requiere considerar qué experiencias están representadas, quién participa en la toma de decisiones y si las instituciones reflejan la diversidad de las comunidades a las que sirven.

 


 

Esta cuestión también se planteó durante la visita a la Biblioteca Vallcarca i els Penitents, donde las personas participantes exploraron el papel de las bibliotecas como espacios públicos para el aprendizaje, la conexión social y el acceso a la información. El debate también puso de manifiesto las barreras estructurales que afectan a la participación cultural, incluidas las desigualdades en materia de recursos, acceso y representación.

 

Participación, cocreación y poder/implicación comunitaria

Las ciudades participantes compartieron experiencias complementarias sobre el uso de la cultura como medio para fortalecer la participación y la implicación comunitaria.

Desde Manchester, Safina Islam, Responsable Integrada de Inclusión e Implicación del Ayuntamiento de Manchester, presentó un enfoque centrado en la implicación comunitaria, el codiseño y la coproducción. El trabajo de la ciudad con diferentes comunidades, incluso a través de programas culturales y archivos comunitarios, ilustra cómo la participación puede contribuir al sentimiento de pertenencia y permitir que la ciudadanía dé forma a los lugares donde vive.

 


 

Caio Vitor de Mesquita, Asesor del Secretario Adjunto y Coordinador de la Comisión de Evaluación del Mérito Cultural de la Secretaría Municipal de Cultura y Economía Creativa de São Paulo, presentó la política cultural como un medio para ampliar los derechos y la participación en una ciudad caracterizada por profundas desigualdades. Los programas de apoyo a iniciativas culturales en territorios periféricos y los consejos culturales participativos ofrecen mecanismos para que las comunidades y los actores culturales participen en la toma de decisiones locales.

 


 

Desde Ciudad de México, Ana Francis López Bayghen Patiño, Secretaria de Cultura, presentó el modelo de las UTOPÍAS, que combina actividades culturales, deportivas y sociales en zonas periféricas. La experiencia mostró cómo acercar las infraestructuras y los servicios públicos a las comunidades puede contribuir a reducir las desigualdades territoriales y ampliar las oportunidades de participación.

 


 

A través de estas experiencias, las personas participantes destacaron que la democracia participativa requiere más que mecanismos formales de consulta. Una participación significativa depende de espacios accesibles, apoyo institucional, recursos y de la capacidad de las comunidades para influir en las decisiones que afectan a sus vidas.

 

Proteger el espacio cívico y la libertad de expresión

El intercambio también examinó la relación entre derechos humanos, espacio cívico y libertad cultural.

En Canòdrom – Ateneu d'Innovació Digital i Democràtica, las personas participantes exploraron los derechos digitales, la innovación democrática y los riesgos derivados de tecnologías desiguales o discriminatorias. El debate destacó la importancia de garantizar que la transformación digital siga estando basada en los derechos humanos, la transparencia y la participación.

La experiencia de Taula per Mèxic y de la International Cities of Refuge Network (ICORN) también demostró cómo los gobiernos locales y la sociedad civil pueden contribuir a proteger a personas cuya libertad de expresión está bajo presión. El programa de Barcelona para periodistas de México, junto con el trabajo de ICORN con escritores y artistas, mostró cómo las ciudades pueden crear mecanismos de protección y apoyo para personas que se enfrentan a amenazas o persecución.

En la Librería Finestres Palestine, las personas participantes reflexionaron sobre la relación entre expresión cultural, memoria y derecho a participar en la vida pública. La visita planteó cuestiones más amplias sobre cómo los espacios culturales independientes pueden contribuir al pluralismo y garantizar que diferentes historias, identidades y perspectivas permanezcan visibles en la sociedad.

 

Participación y derechos humanos en contextos de presión democrática

El último día del intercambio, celebrado en la Secretaría Mundial de CGLU, reunió a las ciudades participantes para un debate colectivo sobre censura, representación, autonomía institucional y pertenencia.

 


 

Las personas participantes destacaron que las restricciones a la participación y la expresión no siempre adoptan la forma de una censura explícita. También pueden surgir a través de procedimientos institucionales, acceso desigual, falta de representación, mecanismos de contratación pública o exclusión de determinadas comunidades de los espacios de toma de decisiones.

Esto dio lugar a un debate más amplio sobre cómo los gobiernos locales pueden reforzar la resiliencia democrática. Las personas participantes subrayaron la importancia de contar con instituciones culturales capaces de acoger el desacuerdo, facilitar el diálogo e implicar a las comunidades en la elaboración de políticas, en lugar de tratar la participación simplemente como una consulta.

El debate también hizo hincapié en que la cultura, la inclusión social y la participación democrática están estrechamente conectadas. Cuando las comunidades experimentan discriminación o barreras estructurales para acceder a los espacios y servicios públicos, su capacidad para participar en la vida cívica también se ve afectada. En este sentido, las políticas basadas en los derechos (culturales) fueron identificadas como sólidos pilares para garantizar el acceso, la participación y la contribución libres e igualitarios en las ciudades y territorios.

 

De las experiencias locales a un marco común para la acción

A lo largo de los tres días surgieron varias enseñanzas comunes.

En primer lugar, los derechos humanos y la cultura están estrechamente relacionados a nivel local. Las instituciones culturales pueden contribuir a la libertad de expresión, la igualdad, la participación, el acceso a la información, la memoria y el sentimiento de pertenencia, incluso cuando su trabajo no se presenta explícitamente como un trabajo en materia de derechos humanos.

En segundo lugar, la inclusión social requiere abordar las barreras estructurales a la participación. El acceso a los espacios culturales y cívicos está condicionado por factores como los ingresos, la geografía, la lengua, la representación y la disponibilidad de servicios públicos accesibles.

En tercer lugar, la democracia participativa depende de una implicación significativa de las comunidades. Las experiencias compartidas por Barcelona, Manchester, Ciudad de México y São Paulo mostraron la importancia de la co creación, el poder comunitario y los mecanismos que permiten a la ciudadanía y a la sociedad civil influir en las políticas locales.

En cuarto lugar, unas instituciones locales sólidas y unas redes de la sociedad civil pueden contribuir a proteger el espacio cívico. Las oficinas de derechos humanos, las instituciones culturales, las organizaciones comunitarias y los mecanismos locales de protección pueden trabajar conjuntamente para apoyar a las personas y comunidades que se enfrentan a discriminación, exclusión o presiones.

Por último, las personas participantes destacaron la importancia de la autonomía institucional, los recursos públicos y las alianzas sostenibles para garantizar que estos mecanismos puedan funcionar a lo largo del tiempo.

 

Fortalecer los derechos humanos a nivel local y la resiliencia democrática

Para la CISDPDH, el aprendizaje entre pares puso de relieve la importancia de abordar las instituciones culturales no como un ámbito de políticas separado, sino como parte del ecosistema local más amplio a través del cual se protegen los derechos humanos, se impulsa la inclusión social y se fortalece la participación democrática.

Los resultados del aprendizaje entre pares también contribuirán a Culture 21 Plus, el marco internacional de CGLU para los derechos culturales, lanzado por la Comisión de Cultura de CGLU en colaboración con ciudades y socios de la red, así como a los módulos que se están desarrollando actualmente.

Las experiencias compartidas en Barcelona demostraron que los gobiernos locales pueden crear las condiciones para que las personas y las comunidades participen, se expresen, accedan a los espacios y servicios públicos y contribuyan a configurar las sociedades en las que viven. Reforzar estos mecanismos locales es, por tanto, una parte importante de la construcción de ciudades más inclusivas, participativas y basadas en los derechos.

 

Lee aquí el Informe final del aprendizaje entre pares.

Lee la noticia publicada por el Ayuntamiento de Barcelona, en catalán, aquí.