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Toronto lleva a cabo una estrategia para reducir la pobreza con la participación de las personas en exclusión

La estrategia de reducción de la pobreza llevada a cabo por parte de la municipalidad de Toronto busca asegurar, para el 2035, que Toronto se convierta en una ciudad con oportunidades para todos, pionera en la búsqueda colectiva de la justicia y la igualdad. La estrategia asume tres objetivos generales centrados en los efectos, las trayectorias y las causas de la pobreza. En este sentido delimita distintas áreas de trabajo a las que hacer frente, tales como el acceso a una vivienda estable, a servicios o a trabajos de calidad y salarios decentes.

Entrevista a la concejal de Toronto Pam McConnell, a cargo de igualdad social

Toronto decidió adoptar la estrategia de reducción de la pobreza desde un enfoque bastante innovador; ¿nos podría compartir el contexto en el que surge esta iniciativa?

Con el tiempo nos dimos cuenta que creer que todos tendíamos hacía la prosperidad no era una idea bastante fiel a la realidad. La prosperidad era muy distinta para todo el mundo. En nuestra ciudad tenemos dos tipos de personas: aquellas a las que les va bastante bien y aquellas que lo están pasando realmente mal. Es por esta razón que teníamos la necesidad mirar hacía nuestra ciudad y servicios y pensar en cómo hacerlos más accesibles para las personas con dificultades. Para asegurar que no sobrellevaban pobreza generacional. Para establecer mecanismos de ayuda que mejoren su situación y que les ayuden a salir. Se trata de establecer unas buenas cuerdas de salvamiento para no caer en la pobreza y de disponer de una red de seguridad para que no se repita esta situación.

¿Cuáles son las principales características de la pobreza en Toronto?

Un 20% de nuestros jóvenes están desempleados, pero si eres indígena esta cifra se eleva al 25%, si eres afrodescendiente al 30%. Casi la mitad de nuestras madres solteras o de los recién llegados viven en la pobreza. Tenemos alrededor de un 25% de nuestros niños y niñas viviendo en la pobreza. Estas son cifras enormes para una ciudad que habla de diversidad. Queremos que la diversidad se trate de prosperidad, y no de pobreza.

¿Cuáles son los principales ejes de esta estrategia?

Deseábamos que fuera simple y establecer un diálogo con la gente que vive en la pobreza. De una forma sencilla, lo entiendo como los dedos de mi mano: primero, necesitamos acceso a una vivienda adecuada. También a un transporte accesible. Necesitamos servicios que sirvan a las necesidades de la gente, tales como educación a la primera infancia, servicio de salud o de ocio. Finalmente, en este orden de cosas, también tenemos que pensar en la seguridad alimentaria. Si la gente no dispone de frutas y verduras frescas y baratas, sus cuerpos no van a estar bien. Esto lleva al trabajo. La gente retoma de nuevo su vida cuando está empleada. En algunos casos, sin embargo, la gente no llegará a estarlo nunca. En este sentido, necesitamos asegurar una fuente de ingresos estable. Estos son los cinco dedos: vivienda, transporte, servicios, alimentación y trabajo y una renta estable.

Esto aterriza en una ciudad como la nuestra desde una visión de diversidad y pienso en esto como la palma de mi mano que mantiene mis dedos juntos: eres viejo, joven, indígena, afrodescendiente… ¿Quién eres tú? La cosa más importante que una ciudad puede hacer es comprobar donde invierte su dinero y realizar cambios sistémicos. Este es el puño que nos permite avanzar y este es el modo en el que hacemos frente a esta cuestión.

¿Cómo hizo posible la participación y a través de qué canales?

En el pasado, realizábamos distintas mesas redondas con grupos asesores de agencias comunitarias. Nos dimos cuenta que ellas tienen sus propias agendas y que muy a menudo no han vivido de cerca las enfermedades mentales, el sinhogarismo, la drogodependencia o el haber perdido a sus hijos, experiencias que suceden cuando vives en situación de pobreza.

Empezamos estableciendo un diálogo entre estas entidades y personas en situación de pobreza, surgiendo como resultado un rico diálogo nutrido con el retorno de experiencia. Fue entonces cuando decidimos potenciarlo, a efectos de que las personas pudieran compartir cuáles eran sus experiencias reales. Empezamos a tener diálogos con personas de seis periferias, zonas suburbanas y del centro de la ciudad, utilizando estos cinco dedos como referencia para sentarnos en una mesa y hablar.

Esta experiencia se convirtió en algo tan exitoso y fue tan importante lo que tenían que decir las personas que establecimos un encuentro monotemático de dos días. Pedimos a la gente que viniera, cocinamos el almuerzo y les pagamos como expertos en la materia. Entrevistamos a 100 personas. Yo asistí en la sesión inaugural y los participantes estuvieron magníficos. Todos tenían un amplio abanico de experiencias pero compartían una cosa en especial: una actitud real y positiva de que era posible sobreponerse y salir de esta situación. Lo que habían aprendido en su propia vida era algo que podía ayudarnos a definir nuestras estrategias cada año.

Este es un plan a 20 años vista; no es algo en el corto plazo. Cada año establecemos diferentes acciones, normalmente 80 o 90, a realizar en todas estas áreas. Queríamos asegurarnos de que este grupo creía que tomábamos las decisiones adecuadas, si este era el ámbito temático correcto y que nos ayudarán en planificar el presupuesto.

¿A qué retos hizo frente durante esta estrategia y qué recomendaciones puede darnos?

Primero de todo, tenemos un equipo muy bueno. Es siempre un reto no disponer de uno así. Igualmente, incluir este equipo en una burocracia tan grande como la de nuestra ciudad no es siempre fácil. No queremos que se pierdan, queremos que se vean a sí mismos como líderes de la organización, y esto está pasando.

El segundo reto está relacionado con dónde consigues el dinero. Gestionar el presupuesto municipal y conseguir más dinero es siempre difícil. Yo miraba al presupuesto y me fijaba en como intentar hacerlo mejor mediante mecanismos como la contratación pública. Hay muchas cosas que o no cuestan dinero o representan un modo distinto de utilizar un presupuesto de 11 billones de dólares.

El último reto, y el más importante, es el cómo mantener el diálogo con las comunidades y las personas afectadas. No podemos abandonarles o permitir que se sientan como que este diálogo es sólo una conversación y luego no sucede nada. Tenemos que conseguir que la esperanza no se pierda y que lo que estamos haciendo esté teniendo un impacto real en la vida de las comunidades. Es difícil sin embargo: muchas conversaciones, tiempos, falta de acción… Mantener esta experiencia con las personas que sufren situaciones de pobreza es muy importante, porqué luego son los que vuelven a los barrios y mantienen la iniciativa y el diálogo.

Pam McConnell falleció el siete de julio de 2017, unas semanas después de que la Comisión le realizara esta entrevista. Los miembros y la secretaría técnica de esta Comisión comparten la tristeza y expresan su pésame a sus familiares, amigos y compañeros. Pam McConnell era una persona querida y comprometida tanto con los habitantes de Toronto como en el marco de la red de nuestra Comisión y de CGLU. Sirva este texto como humilde homenaje al trabajo realizado a lo largo de su vida por la justicia y por una vida digna para todas y todos sin exclusión.